miércoles, 19 de septiembre de 2007

Marco de referencia

Un marco de referencia teórico, que sustente un proceso formativo en materia de educación sexual humanista, tiene que ser algo nuevo, puesto que no existe en el sistema educativo mexicano, un programa establecido de manera formal, legalmente legitimado y sistematizado dentro de alguna currícula de educación superior.

Parece imposible, que a cien años de haber sido rechazada la sexología, por el mundo científico médico, cuando Freud planteó sus teorías acerca de ella y le dio un cuerpo de conocimientos debidamente sistematizados e impregnados de un carácter psicológico, el tabú sexual siga imponiéndose por encima de la ciencia médica. Es ya tiempo de empezar a romper y descorrer el velo que cubre a ese “monstruo” que es el impulso sexual, y comenzar a entender el placer, como una función más de nuestro cuerpo que nos relaciona con nuestro entorno social, con nuestro pasado antropológico y nuestro presente cotidiano, que tiene que ver con nuestros más puros sentimientos de amor y los más oscuros de la pasión. Tan es así, que sólo damos importancia a nuestra sexualidad cuando alguna parte de ella se ve alterada, dándonos cuenta en ese momento, que también se ve afectada toda nuestra personalidad, nuestro sistema emocional y nuestras relaciones interpersonales.

Cuando nos dimos a la tarea de revisar y analizar los planes y programas, que existen para el estudio de la sexualidad en México encontramos, en primer lugar, que son escasos y, en segundo lugar, que estos se localizan en Institutos de investigación o asociaciones privadas educativas. De estos pocos programas, la mayoría tienen enfoques conductistas, exclusivamente médicos y teóricos. Otros, que se llaman humanistas, contienen estructuras académicas rígidas, con temas de estudio aislados llamados materias; algún otro, promueve la parcialización del conocimiento, estudiando primero los aspectos biológicos de la sexualidad, después los psicológicos y por último los sociales. Ninguno se adecuaba a lo que hacíamos, ni tampoco a nuestro concepto humanista del proceso de enseñanza-aprendizaje, el cual consideramos como un elemento transformador, integrador del conocimiento y basado en la experiencia.
Ante esta situación, fue que nos dimos a la tarea de desarrollar nuestro propio sistema pedagógico, el cual nos permitiera operar armónicamente entre los objetivos, principios, conceptos, estructuras, niveles, modelos y currícula; desde luego, teniendo como sustento sistemas pedagógicos científicamente probados. Para su entendimiento, los hemos descrito en varios incisos, aunque en la práctica se abordan simultáneamente.


A) Bases conceptuales sexológicas

El primer concepto que consideramos importante describir es el de sexualidad, así como los conceptos derivados de él como sexología, sexólogo y la formación que necesita un individuo para llegar a serlo.

Durante los últimos treinta o cuarenta años, muchos sexólogos han luchado porque se incluya en el concepto de sexualidad el placer, y que dicho concepto no sea visto únicamente desde un punto de vista reproductivo. Sin embargo, consideramos que si sólo se incorpora la noción de placer y la noción de reproducción al concepto de sexualidad, sería desarticular a la sexualidad de su parte netamente humana. Los animales tienen una actividad coital, que se traduce en reproducción y sienten placer al igual que nosotros, pero no tienen la capacidad de disfrutar el amor, como un acto espiritual que lleva a trascender al individuo a acciones sublimes llenas de heroísmo, así mismo, carecen de valores que en los seres humanos nos pueden conducir, inclusive, a renunciar al ser amado o a renunciar a un coito para no lastimarlo. Por esto, incorporamos la espiritualidad como una noción perteneciente al concepto de sexualidad. Al hablar de espiritualidad, no nos estamos refiriendo al sentido religioso del término, lo incluye, pero no lo define. También, consideramos el componente de género, entendido este, como el comportamiento sexual esperado socialmente entre hombres y mujeres. El quinto componente de la noción de sexualidad lo constituye la afectividad, esto es: el cariño, la ternura, el romanticismo. A cada uno de estos componentes los consideramos una dimensión de la sexualidad.

El Dr. Ricardo Simón Escalante (2003), define la sexualidad como: "Esa capacidad de dar y recibir amor sexual que nos relaciona a los seres humanos entre sí. Entiendo por amor sexual esa fuerza que nos atrae y vincula erótica, afectiva, genérica, reproductiva y espiritualmente. Esta capacidad se encuentra incorporada como parte de la personalidad de un individuo y se expresa en varias dimensiones: la dimensión espiritual con el yo energético, la dimensión psíquica con el yo como identidad de género, la dimensión corporal del sexo y la dimensión social que es el rol de género”.

En INSUSEXH buscamos egresar individuos con una aceptación de su sexualidad y la de los seres humanos que los rodean, basados en esta definición. Pretendemos que se desarrolle en los egresados, la capacidad de retransmitir información y formación basándose en el proceso del amor, y ampliando el concepto de sexualidad hacia sus cinco dimensiones.

Otro concepto, íntimamente relacionado, es el de salud sexual, entendiendo esta, según el Dr. Escalante, como: "La expresión de la sexualidad de un individuo libre de mitos, prejuicios, tabúes y problemas". Creemos, firmemente, que nadie puede ser un orientador de la sexualidad si antes no ha analizado su propia conducta sexual y los valores que la conducen, conociéndose más profundamente y llegando así, a no tratar de imponer sus propios valores en el momento de interactuar con otros seres humanos. Los participantes de la Maestría pasan por un proceso de autoanálisis a través del cual desechan los tabúes, mitos, prejuicios, temores y conflictos de su propia sexualidad.

La ciencia que se encarga del estudio de la sexualidad, se conoce actualmente como sexología. Esta queda definida por Katchadourian (1985) como: “El estudio de los componentes biológicos, psicológicos, sociales y antropológicos de la conducta sexual humana”. Como ya se mencionó, nosotros hemos agregado el componente espiritual, el cual se refiere a dar a la sexualidad un sentido de trascendencia humana, a través del amor y del ejercicio de diversos valores inherentemente humanos. De esta manera, la sexualidad abarca una amplitud de dimensiones, y el profesional que pretenda estudiarla tendrá que abordarla desde una óptica transdisciplinar. Así, entenderemos la sexualidad como un proceso social, dinámico y de dimensiones extensas cuyos componentes abarcan varias disciplinas como la psicología, la sociología, la biología, la antropología, la medicina, la ontología y el derecho entre otras, por lo que la praxis del sexólogo es tan amplia, que su estudio deberá mantener varios niveles de acción.

Un sexólogo será, tanto el profesional que aborde los diferentes aspectos y necesidades sociales en la construcción del conocimiento acerca de la sexualidad, como el que sea capaz de intervenir en la orientación, promoción y atención de la salud sexual, con una perspectiva de trascendencia humana, que alcance tanto el nivel de su vida personal como el de los consultantes. Como se puede observar, la formación de este profesional se realiza en diferentes procesos, niveles y momentos educativos: Orientador en educación sexual, especialista en sexología educativa, maestro en sexología educativa y terapeuta sexual, cada una de estas categorías serán descritas en el siguiente apartado.

El orientador en educación sexual, obtendrá una preparación a nivel técnico y el sexólogo educador, como especialista, obtendrá una preparación a nivel de posgrado, ambas, a través de un proceso educativo sistemático y supervisado. En la formación de este último, se obtienen las bases biológicas, psicológicas, espirituales, sociales, históricas y antropológicas de la sexualidad. Asimismo, a nivel de especialidad, adquirirá o incrementará las habilidades pedagógicas, que faciliten el descubrimiento de ese conocimiento, y desarrollará las habilidades pedagógicas teóricas y practicas que le faciliten intervenir en la prevención y en la búsqueda de solución a las problemáticas sexuales, que se presenten a nivel individual o colectivo. El sexólogo educador a nivel Maestría, tendrá los conocimientos y habilidades de los dos primeros niveles y obtendrá el conocimiento y la tecnología para desarrollar investigación.


B) Niveles formativos de la sexología

Las actividades planteadas para este profesional de la sexología son muy vastas, por lo que un programa de estudios para la formación de un sexólogo, necesariamente tiene que considerarse en tres niveles de acción: uno preventivo de orientación, otro educativo de formación y otro curativo o terapéutico.

La formación de un sexólogo, a nivel educativo, comprenderá el nivel preventivo, el especializado práctico y el superior de investigación. Estos pueden ser alcanzados en tres etapas diferentes:

La primera, tiene como base, la formación de educadores con la función de orientación y promoción de la salud sexual humana, es decir, el egresado de esta primera etapa podrá brindar información a nivel personal o grupal sobre tópicos sexuales, basados en la clarificación de los valores y actitudes ante la sexualidad, y en el análisis de la propia experiencia del consultante. Esta fase, ha sido diseñada para orientadores educativos, profesores y personal de salud, que trabajen con jóvenes, niños y padres de familia.

Este conjunto de conocimientos básicos sobre la sexualidad, libre de mitos, prejuicios y tabúes, se ha denominado “Diplomado en Sexología Educativa Humanista” y a los egresados de esta fase, se les reconoce como “Orientadores en Educación Sexual”, y están capacitados para proporcionar asesoría a personas con dudas sobre la conducta sexual. Desde luego, se da por entendido, que no estará autorizado para proporcionar terapia, sólo detectará y canalizará los casos, a las personas e instancias capacitadas para ello.

La segunda etapa, tiene como objeto de estudio, los procedimientos pedagógicos (didáctica crítica) para la transmisión del conocimiento sobre la sexualidad humana, así como las bases pedagógicas del manejo y conducción de grupos de aprendizaje vivencial con un enfoque humanista. Esta fase se encuentra diseñada para profesores, psicólogos, médicos, profesionales de áreas sociales como antropólogos, sociólogos y abogados, entre otros profesionistas, que deseen ayudar a grupos en la construcción del conocimiento sexual, a partir de su propia experiencia. Esta etapa se denomina “Especialidad en Sexología Educativa Humanista” y los egresados de esta etapa son reconocidos como Especialistas en Sexología Educativa.

La tercera etapa, tiene como objeto de estudio, además de las dos anteriores, la obtención de nuevos conocimientos (investigación) sobre los fenómenos sexuales de nuestra sociedad. Este conjunto de conocimientos y habilidades para la obtención y transmisión del saber sexual, desarrolladas en las etapas uno, dos y tres se denomina “Maestría en Sexología Educativa Humanista”. Los egresados de esta etapa son reconocidos como Sexólogos Educadores.

Otro plano de formación de un sexólogo, lo entenderemos como: aquel proceso formativo encargado de preparar profesionales para la atención de la salud sexual. Este conjunto de conocimientos clínicos, y formas de proceder para enfrentar y solucionar problemas de la salud sexual, será denominado “Especialidad en Terapia Sexual” y el egresado de este nivel es reconocido como Sexoterapeuta. El objeto de este documento no abarca la descripción de este nivel.

El nivel que mantendremos durante esta Maestría, corresponde a la formación especializada del Sexólogo Educador Humanista, y su formación dura 700 horas distribuidas en dos años y medio.


C) Principios pedagógicos humanistas

El encontrar varios sistemas pedagógicos parcializados, desintegrados y exclusivamente teóricos nos movió a desarrollar un sistema pedagógico, que permitiera operar con armonía entre los conceptos, objetivos, principios, estructuras, niveles, modelos y currícula, basándonos siempre, en sistemas pedagógicos científicamente probados.

Después de explorar diferentes filosofías didácticas, encontramos que, aquella que mayormente se adecuaba a la transmisión de una educación sexual transformante, fue el humanismo. La metodología de la enseñanza de la sexualidad con un enfoque humanista, se encuentra sustentada por cuatro principios educativos de diversos teóricos, entre los cuales se encuentran William H. Kilpatrick, John Dewey, Carl Rogers y Fritz Pearls. Entenderemos por principios educativos, las bases pedagógicas humanistas, sobre las que se fundamenta el desarrollo de esta Maestría y que guían el desenvolvimiento del plan de estudios.


Nuestro primer principio pedagógico, lo conforma el concepto formulado por Dewey sobre "El aprendizaje como una reconstrucción de la experiencia" (citado en Rogers, 1986). Este autor plantea, que el alumno penetra a un proceso profundo de aprendizaje cuando, a través de vivenciar sus propias experiencias pasadas, se relaciona consigo mismo, con su verdadera personalidad, con sus impulsos, emociones, actividades y valores fundamentales. Consideramos, que la reconstrucción de la experiencia de Dewey es la misma del "conócete a ti mismo" de Sócrates, el descubrimiento del sí mismo de Rogers o el autoconocimiento de Pearls. Todos ellos, usan el conocimiento del Yo, como el elemento fundamental para el aprendizaje, a través de vivenciar la experiencia, buscando con esto un acercamiento a su Yo real.

La experiencia que hemos obtenido en talleres y cursos impartidos, nos ha enseñado que, la verbalización de las experiencias sexuales lejanas, representa para cada individuo, una oportunidad de indagarse y descubrir en sí mismos, sentimientos desconocidos. Rogers opina, que de esta manera, el sujeto se familiariza con los diferentes aspectos de sus experiencias que, en el pasado, había excluido de su conciencia, por sentirlas demasiado amenazadoras o perjudiciales para la estructura de su autoconcepto, descubriendo así, que puede vivenciarlas (volver a vivirlas) plenamente en la relación con los demás, y ser en cada momento su miedo, su enojo, su ternura o su fuerza.

En nuestra experiencia, también hemos notado que, a medida que un participante vive estos sentimientos tan diversos en todos sus grados de intensidad, advierte que se ha experimentado a sí mismo, y que él “es” todos esos sentimientos. De esta manera, el individuo comprende que ya no debe temer a la experiencia, sino aceptarla como parte de su “sí mismo” cambiante. Esto le brinda, al mismo tiempo, la capacidad de aceptar la sexualidad de los demás.

Hemos notado, además, que durante el transcurso de los diferentes módulos, cuando el individuo va a verbalizar sus experiencias pasadas, se presentan fenómenos de ansiedad y conductas de defensa que el propio alumno vence, a través de la auto-revelación. Después de compartir al grupo sus experiencias y emociones, la generalidad de ellos, describen una sensación de descanso, como si se liberaran de sus culpas y temores.

El ambiente del grupo, poco a poco va cambiando, y puede observarse entre los participantes, más integración, más seguridad en sí mismos y mayor apertura a la experiencia. En este proceso, el alumno aprende dos cosas: que es un ser humano igual a todos, con el mismo derecho a amarse, por el hecho de ser persona y no por sus conductas pasadas; aunado a esto, encontramos que la información vertida por cada individuo, acerca de su conducta sexual, amplía su propio conocimiento sobre la sexualidad. Este conocimiento, construido a través de la experiencia de todos, genera dudas, lo que lleva a contrastar el aprendizaje experiencial contra lo referido por los grandes teóricos de la sexualidad. De esta manera, se aprende a confiar más en la propia experiencia y en la del grupo, que la planteada por dichos teóricos.


El segundo principio pedagógico, lo conforma "El aprendizaje como un proceso de y en transformación". Rogers (1986), piensa que la vida plena es un proceso continuo, no una situación estática; no es un estado de inmovilidad ni un destino, es una orientación. Por lo tanto, desde un punto de vista evolutivo, consideramos, que la sexualidad forma parte integral de la personalidad de un individuo, en su proceso de formación como hombre o como mujer. Este individuo, tomado como proceso, ha pasado por una serie de continuos concatenados (concepción, embarazo, parto, lactancia, infancia, pubertad, adolescencia, juventud, adultez, mediana edad y senectud) en interrelación e interdependencia con su medio ambiente.

El plan de estudios de esta Maestría se encuentra diseñado por etapas. La primera etapa sigue el proceso de crecimiento y desarrollo biopsicosocial del individuo. Este plan de estudios se basa en el análisis de conductas, relaciones interpersonales y de experiencias sexuales de los propios participantes, tal y como se “experienciaron”, en cada una de las etapas por ellos vividas. Así, el estudiante de su propia sexualidad se concibe como un proceso en transformación, un río que fluye hacia adelante, una constelación de potencialidades en permanente cambio. Al finalizar la Maestría en Sexología Educativa Humanista, se observa, que el alumno acepta con más satisfacción el hecho de no ser una entidad estática. Al mismo tiempo, extiende también esta idea a la sexualidad en su carácter de ciencia, como proceso en transformación constante, no terminada y de cuya construcción él ha sido partícipe.

El tercer principio pedagógico del enfoque humanista para estudiar la sexualidad, es: "El aprendizaje a través de problemas". Kilpatrick (citado en Rogers, 1986) estimuló el pensamiento libre, original y creativo en sus alumnos, a través de presentarles problemas cruciales para su análisis, despertando el interés y provocando cambios profundos en su persona. A su vez, Rogers (1986), plantea que la enseñanza centrada en el alumno se da cuando el aprendizaje es significativo, entendiendo por esto el que sea capaz de modificar la conducta. El aprendizaje significativo, surge de forma espontánea y natural, cuando el individuo encara una situación que percibe como un problema o una encrucijada con un significado para él o ella.

El método de estudio en esta Maestría, plantea la construcción del conocimiento acerca de la conducta sexual, por parte del grupo, centrando un problema eje sobre el cual van a exteriorizar sus propias experiencias, emociones, dudas y opiniones. Este método le permite al alumno entrar en contacto real con los problemas más importantes de su existencia, de manera que pueda percibir aquellas cuestiones que desea resolver.

Cada módulo, diseñado como parte integrante de un proceso, presenta un cúmulo de problemas planteados por los propios alumnos sobre los que se discutirán diversos tópicos, y al mismo tiempo, se generarán vacíos de conocimientos que son llenados, a su vez, por los demás participantes del grupo, hasta llegar a otra encrucijada y así, continuar nuevamente. En este sentido, queda entendido que el valor del proceso educativo de la sexualidad, no se basa en el estudio de los grandes teóricos sobre el tema, sino en permitir al estudiante, entrar en contacto con los problemas sexuales más importantes de su existencia, de manera tal, que en este proceso educativo, utilice los recursos que tiene a su alrededor para resolverlos.

El cuarto y último principio, lo forma "El aprendizaje a través de lo lúdico". Fritz Pearls (citado por Stevens 1998), expresa: "mi definición de aprendizaje es descubrir que algo es posible y no únicamente ingerir información”. En cada módulo, se busca mostrar a los alumnos, que es posible descubrir medios y modos, por los cuales se puede crecer y desarrollar su propio potencial y arreglar las dificultades de la vida.

"Durante la mayor parte de nuestras vidas estamos usando gran parte de nuestras energías en juegos autodestructivos, -dice Pearls- en jugar a autoimpedirnos el crecimiento y a no darnos cuenta de lo que estamos haciendo. El individuo que "juega" a muchas cosas, aprenderá que tan sólo con conseguir que preste atención (darse cuenta) de sus actos, fantasías y a su representación de roles, él mismo será capaz de proveer sus propias interpretaciones y significados. El darse cuenta hace que el individuo centre su atención y amplíe su conciencia de impresiones sensoriales internas y externas, promoviendo el autoanálisis de su conducta".

Rogers (1986), por su parte, menciona que: la creatividad es la capacidad del ser humano de jugar espontáneamente con ideas, colores, formas y relaciones; de aventurarse a nuevas combinaciones de elementos, dar forma a hipótesis absurdas, convertir lo dado en problemas y expresar lo ridículo.

Durante el juego, una persona se transforma en un ser abierto a la experiencia, por lo que el estímulo se transmite con mayor facilidad a través del sistema nervioso, sin sufrir transformaciones del sistema de defensa. En nuestra experiencia, utilizando lo lúdico para el aprendizaje de la sexualidad, y entendiéndolo como un proceso creativo, nos damos cuenta que los alumnos juegan expresándose con el único objetivo de jugar, poniendo en acción toda su personalidad y aportando al juego, todo un cúmulo de experiencias pasadas, así como la forma en que fueron educados como hombres o mujeres. Durante el juego la persona se expresa sin defensas, tal como es, lo que le permite al analizar su conducta, darse cuenta del tipo de aprendizaje sexual que recibió como hombre o como mujer, la evitación de su conducta ante experiencias sexuales que le son amenazantes, los valores que tiene ante determinadas conductas sexuales y las sensaciones somáticas que las acompañan.

Durante el desarrollo de la Maestría en Sexología Educativa Humanista, invitamos a los participantes a que, en lugar de jugar a los juegos autodestructivos que aprendimos en la formación de nuestra sexualidad, juguemos a juegos auto-constructivos. Esto nos ha llevado a utilizar técnicas lúdicas como recursos pedagógicos en el aprendizaje de la sexualidad. Estos juegos llevan en sí mismos, un mensaje educativo al cual hay que llegar. Sin embargo, no sólo nos quedamos con el mensaje aprendido, sino que profundizamos en el darse cuenta de las emociones, actitudes, valores y expresiones que cada uno trajo consigo, es decir, integrando lo que piensa con lo que siente en el actuar.

Al final de los juegos sexuales constructivos, el individuo descubre que es posible jugar con su sexualidad y aprender de ella, hasta sentirla como parte integrante del sí mismo. El juego es un recurso que permite una exploración de la sexualidad libre, disminuye la rigidez y deja surgir el aprendizaje con una visión nueva, amena y significativa de la vida.

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